El impacto en el bolsillo de los automovilistas mexicanos por el costo de los combustibles se mantiene en el centro del debate económico. Años atrás, en 2018, el precio promedio nacional de la gasolina Premium se ubicaba en 19.84 pesos por litro, mientras que para los registros actuales del periodo, su precio de referencia general ronda e incluso supera los 30 pesos por litro en diversas estaciones de servicio del país.
Esta evolución tarifaria representa un incremento nominal superior al 51% en un lapso de ocho años. A diferencia de la gasolina regular (Magna) y el diésel —los cuales suelen contar con esquemas de contención o acuerdos de precios tope impulsados por el Gobierno federal—, la variante Premium ha experimentado fluctuaciones más libres y un encarecimiento constante que supera con margen la tasa acumulada de inflación.
El impacto real al llenar el tanque
El incremento en el costo por litro se traduce de manera directa en los gastos operativos de las familias y transportistas al momento de acudir a las gasolineras. Tomando como referencia la comparativa entre el precio promedio de 2018 y un costo de referencia de 30 pesos por litro, el impacto en distintas capacidades de tanque se refleja de la siguiente manera:
| Litros | Costo con precio de 2018 | Costo de referencia (30 pesos) | Diferencia estimada |
| 40 litros | 793.60 pesos | 1,200.00 pesos | 406.40 pesos |
| 45 litros | 892.80 pesos | 1,350.00 pesos | 457.20 pesos |
| 50 litros | 992.00 pesos | 1,500.00 pesos | 508.00 pesos |
| 60 litros | 1,190.40 pesos | 1,800.00 pesos | 609.60 pesos |
Nota: Los montos anteriores son cálculos estimados con base en los precios de referencia; el costo final para cada automovilista puede variar dependiendo de la región, la estación de servicio y los márgenes de comercialización locales.
Factores detrás del encarecimiento
Especialistas en materia económica apuntan a que el encarecimiento de la gasolina Premium responde tanto a la evolución internacional de las cotizaciones del petróleo y los costos de importación de combustibles refinados, como a la estructura de los estímulos fiscales aplicados al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Al no estar sujeta de la misma forma a los acuerdos de contención estricta que protegen a la franja de bajo octanaje, la Premium resiente de manera más directa los ajustes del mercado energético global.

